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Llaman a “abrir la cancha” en el combate a las adicciones
En ese sentido se expresó en la sesión de la Junta Departamental de Maldonado la edil del Partido Nacional (“Vamos por Más”), Carolina Batista.
Al hablar en la media hora previa de la sesión de este martes 14 de julio dijo que hay una realidad “que duele”.
El 26 de junio fue el (Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas), que alude a una situación que no se puede seguir tapando con discursos de vanguardia o falsos progresismos.
Recurrió a los datos oficiales de la última Encuesta Nacional de Drogas y el reciente informe local de Maldonado, pero sobre todo de lo que se ve todos los días en los barrios.
Recordó que se “vendió” que la regulación del cannabis iba a ser la solución mágica, traer paz y terminar con los problemas.
Contrapuso, sin embargo, que la frialdad de los números oficiales demuestra que lo único que se hizo fue abrir una compuerta que ahora es muy difícil de cerrar.
Reiteró que no se trata de inventos sino realidades.
El peligro de “naturalizar”
El alcohol sigue siendo el rey silencioso de la destrucción familiar, golpeando al 71,4% de los uruguayos.
Y lo más alarmante es que casi el 28% de esos consumidores ya tienen un uso problemático o de total dependencia.
Hay más de 370.000 compatriotas y sus familias atrapados en esa angustia.
El tabaco está en el 27,8% y la marihuana legalizada ya alcanza de forma directa al 12,3% de la población.
Aludió a que el consumo de cannabis se "estabilizó" a partir del 2018.
“¡Pero se estabilizó en niveles altísimos!. Lo que realmente pasó es que se naturalizó el consumo”, valoró la edil.
La ingesta experimental sigue subiendo y, lo que es peor, destruyó la percepción del riesgo en nuestros jóvenes.
“Les dijimos que era legal, y ellos entendieron que era inocuo. Y eso, señores, es un error histórico”, sentenció.
Llamó a no engañarse con el narcotráfico
Explicó que se argumenta que el prensado paraguayo bajó al 6% en el mercado, pero la cocaína —la sustancia que destruye voluntades de forma fulminante— tiene un aumento constante y progresivo desde el año 2003, afectando ya al 1,6% de la población en general.
El 35% de esos usuarios está en situación crítica de adicción.
“¿Y la pasta base?”, se preguntó: un 0,3% y en aumento, que parece poco en un papel, pero que representa a nuestros jóvenes rotos, en situación de calle, cometiendo delitos por una dosis, olvidados en las periferias.
El narcotráfico no se retiró; mutó, se volvió más agresivo y cambió de sustancia.
Prender la tv, mirar las redes o recorrer los barrios muestra que esto va de mal en peor y que no estamos haciendo ni lo suficiente, ni lo necesario para dar una verdadera pelea.
Baja percepción de riesgo entre 13 y 19 años
En el departamento el estudio del programa INTEGRA junto a la UNIFA encendió las alarmas.
Maldonado es pujante, trabajador, pero está sufriendo el impacto de este modelo de manera dramática.
El trabajo concluye que la mayor prevalencia de consumo “en Maldonado se da en: bebidas alcohólicas (80 %), tabaco (56 %) y cannabis (34 %).
No obstante, hay un porcentaje importante de personas que declaran haber consumido sedantes (15 %) y cocaína (10 %).
De quienes declararon haber consumido en los últimos 12 meses, 69,6 % usó bebidas alcohólicas, 30 % tabaco, 21,5 % cannabis y 9,1 % sedantes.
En los niveles educativos más altos, las personas tienden a probar sin necesariamente desarrollar una fidelidad al consumo de la droga -tabaco, cannabis y cocaína-.
“¿Y qué pasa con la marihuana en Maldonado?”, preguntó: al ser un polo de atracción, el consumo se disparó de forma alarmante.
Lo que más preocupa del informe local es una frase es que "existe una marcada disminución en la percepción del riesgo entre los 13 y 19 años".
Se trata de adolescentes, niños que están formando su cerebro, su personalidad, su futuro, y que ven el consumo como algo normal de cada fin de semana.
Es decisivo entender que la marihuana es la “puerta de entrada” para una caída libre sin paracaídas.
Además, por su condición turística y la alta movilidad económica, Maldonado vive una realidad estacional diferente.
Durante los meses de verano, el consumo de cocaína y de drogas de diseño sufre un crecimiento vertical.
Las puertas de emergencia de ASSE y de los sanatorios locales aumentan su flujo.
Esa es la cara oculta de la temporada que nadie quiere mostrar, pero que el Ministerio de Salud y las organizaciones médicas constatan año a año.
Esto sin considerar la pasta base a la famosa cocinada que genera estragos acelerados en nuestra comunidad degradando psicoemocionalmente a nuestros jóvenes y los no tanto.
En su gran mayoría se termina en situación de calle, punto que es clave en el crecimiento exponencial de la indigencia.
No confundir derechos con esclavitud
Definió que las adicciones no son un “derecho individual” sino una esclavitud.
Detrás de cada punto que sube en estas encuestas, hay una madre que no duerme, hay un hogar que se desmantela para vender las cosas y comprar una dosis, hay un hijo que pierde a sus padres.
Sostuvo que la legalización no trajo paz sino confusión; la falsa idea de que consumir está bien.
Descartó que la posición de la sociedad sea cruzarse de brazos y mirar las gráficas del Ministerio de Salud como espectadores en una tragedia ajena.
Habló de la necesidad de fortalecer las comunidades de contención y prevención, a las iglesias, a los clubes de barrio, a las familias y asociaciones civiles que son la primera y más importante barrera de defensa contra este flagelo.
Explicó que el Estado tiene que dejar de regular el daño y empezar a apostar con fuerza por la prevención, la rehabilitación integral y el rescate de que ya cayeron.
Hizo un llamado a no resignarse a ser un país que administra la adicción de sus jóvenes, sino uno que los abraza, educa y salva.
Superados por la situación
Las cifras oficiales del Estado —tanto a nivel nacional como en el interior, nos demuestran que el problema nos pasó por arriba.
La pregunta no es solo qué está pasando, sino qué vamos a hacer al respecto, reflexionó Batista.
"¿Vamos a seguir insistiendo con las mismas recetas estatales que han fracasado sistemáticamente durante las últimas décadas?, inquirió.
A su entender, teniendo en cuenta que Maldonado junto a su equipo de Adicciones puso sus manos en el arado, es necesario abrir la cancha y reforzar el equipo.
El Estado uruguayo, con toda su estructura, sus recursos y sus ministerios, muestra un límite claro.
El burócrata detrás de un mostrador, con un protocolo frío, muchas veces no logra tocar el corazón del vulnerado que está quebrado por la pasta base o atrapado en el alcoholismo.
Aclaró que no es por falta de voluntad de los funcionarios; es porque esta problemática no se resuelve solo con un carné de salud, un folleto preventivo, deporte o trabajo.
Agregó entender que son parte importante en un proceso de prevención, recuperación y reinserción.
Opinó que se debe “abrir la cancha” de una vez por todas a las organizaciones de la sociedad civil y a las comunidades religiosas.
"¡Hay que abrir la cancha!", repitió.
Llamó a dejar trabajar a los que están en el territorio, a los que se embarran el calzado en la capital, en los barrios de Maldonado rescatando vidas a pulmón, muchas veces sin los recursos necesarios para los resultados que tienen.
Reconoció que se avanza y lo que antes era impensable, poco a poco cambia, porque se han construido puentes de trabajo y diálogo entre el estado y las organizaciones no convencionales.
Se preguntó ¿cuánto más alcanzaríamos si seguimos trabajando en equipo volcando recursos, que muchas veces no solo son económicos si no de logística, agilización en la burocracia, etc.?.
Llamó la atención sobre que hay quienes están dispuestos a invertir su tiempo y vida a servir y abrazar a lo que muchas veces la sociedad no quiere ver.
Ejemplos constatables
Batista repasó que países del primer mundo, con recursos infinitamente mayores a los nuestros, entendieron hace tiempo que el Estado no puede solo.
Se habla de Portugal por la despenalización, pero se olvidan de la otra mitad de la torta, la más importante: ellos crearon una red descentralizada donde el Estado financia y trabaja codo a codo con ONG, fundaciones civiles y comunidades religiosas para la reinserción real.
En el caso de Suecia o Finlandia dijo que la estrategia para revertir las alarmantes tasas de alcoholismo y adicciones que tenían el siglo pasado fueron las "comunidades terapéuticas".
Una fuerte alianza con organizaciones civiles combina el apoyo habitacional, el trabajo digno y el soporte emocional.
En los Estados Unidos, los programas de base comunitaria y religiosa, como las redes de base espiritual tienen tasas de recuperación que duplican y triplican a los tratamientos psiquiátricos ambulatorios puramente estatales.
Habló de la necesidad de ser pragmáticos.
Descubrieron que una organización civil o una iglesia logra un compromiso, una calidez y una efectividad que el sistema público jamás va a poder replicar.
Mientras el Estado te da un turno para dentro de tres meses, la iglesia o el centro comunitario te abre la puerta los siete días casi sin horarios, realmente un trabajo de servicio, amor y voluntariado por excelencia.
Hay algo que no se atiende
La edil señaló que la base de un mejor resultado es entender que el ser humano no es solo un organismo biológico.
El abordaje puramente médico del estado trata el cuerpo con la desintoxicación y la mente con la psicología (lo que no se niega) pero no incluye el alma, la fe y de la espiritualidad.
Llamó la atención sobre que el presidente Yamandú Orsi reconoció públicamente el trabajo de las organizaciones religiosas, sus resultados altamente efectivos y la necesidad de trabajar en coordinación y volcar recursos a quienes tienen los resultados que se buscan.
Precisó que la adicción, antes de ser una enfermedad del cuerpo, es una enfermedad del alma.
La definió como un vacío existencial profundo, una falta de sentido y de propósito que la persona intenta llenar con una sustancia o atentando contra su vida de alguna manera.
Cuando una comunidad de fe abraza a un adicto, no le está dando un tratamiento; le está dando una familia, una identidad, una esperanza y le devuelve la dignidad.
La fe opera un milagro que la ciencia médica respeta, pero no puede explicar: transforma el corazón, la mente, forma carácter de principios y valores en las personas; le da una fuerza interior, una conexión con lo trascendente, que le permite decirle "no" a la droga cuando el cuerpo le dice "sí".
La raíz es lo que lleva al consumo
Al referirse a su experiencia de trabajo social precisó que la droga, la depresión y violencia son solo la “punta del iceberg” de raíces mucho más profundas en las personas.
Si queremos revertir esta problemática social sin duda en nuestro querido Maldonado y en cada rincón del país, tenemos que sanar el tejido social desde el espíritu, dijo en el legislativo.
Una persona conectada con su espiritualidad, con paz mental, con un cuerpo sano y un alma fortalecida, recupera el control de su vida.
Sostuvo que no se pide que el estado se “desentienda” sino que en lugar de centralizar y burocratizar el dolor humano, financie, apoye y potencie a los que ya saben cómo salvar vidas.
Si una iglesia evangélica, una parroquia católica o una ONG vecinal logra que un joven deje de robar y vuelva a estudiar, se debe “abrazar” a esa organización y facilitarle los recursos.
“Abramos la cancha a la fe”, enfatizó.
Pidió apostar a la reconstrucción integral de la mente, el cuerpo y el alma de nuestra sociedad.
De esta manera uniendo la gestión con el amor y la espiritualidad, vamos a volver a ser el Uruguay de valores, de familias fuertes y generaciones venideras con herramientas y un escenario propicio para el desarrollo constante de un Uruguay cada vez más brillante, finalizó Batista.